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POEMAS PARA DESPUÉS DE LA GUERA (III)

Arturo Prado Lima, Madrid, diciembre de 2015

             I

Países y naciones venían

A suicidarse cada más a menudo al centro

De la costilla mayor,

Más cerca del corazón:

En aquellas naciones me recuerdo,

En sus sepelios al atardecer,

En el luto aun sin muerto

Que llevábamos dentro.

Venían a dormir otras almas

En las horas altas de la noche

Cuando la guerra se desnudaba

Entre sábanas y rubios lodazales

Y Venían a morder nuestro silencio

Y a lamer sus despojos

De países prisioneros de sí mismos.

Eso recuerdo, vida.

Y que la horca y la esperanza

Cabían en el mismo candado.

Y que debajo de tu piel

El tiempo se convertía en nostalgia.

Me recuerdo escribiendo poemas clandestinos

Debajo de tus ojos,

Redactando la forma de tus labiales días

Mientras llevábamos el periódico

Al Frente Militar.

Subían los países por escaleras empinadas

Hasta alcanzar tu boca

Donde hace milenios se suicidaban

Dos diversos sistemas planetarios

Con su historia y sus huellas digitales.

Debajo de las piedras nacía un hilo

De agua cristalina.

Yo pensaba en la soledad de las heridas,

En los caballos oscuros relinchando

En el pecho.

Entonces nos mirábamos,

Tú con mis ojos, yo con los tuyos,

Y jugábamos a desnudarnos.

Yo me bebía la miel que había

Debajo del nuevo testamento de tu lengua,

Tú te comía mis labios y reías.

Pasaban los convoyes militares

Apuntando a tus rodilla esparcidas en el patio,

Pero solíamos ignorarlos

Mientras nos buscábamos cada cual

Dentro del otro.

II

 Yo los vi.

Eran soldados del mismo lado, del mismo pueblo,

Reclutados soldados del mismo campo de batalla

Que marchaban a matarse

Por vivir un minuto más, eso recuerdo,

Y el dormitorio

Donde tronaban los Silvio Rodríguez y Violeta Parra

Y aquellos valses y boleros

Que brotaban en penas ovaladas del viejo tocadiscos,

Y aquellas sombras que alargaban

El lado oscuro de las cosas

Y nacían de la luz del viejo querosene.

III

Colosales rebaños de piratas

Cruzaban la enorme juventud

De un labio recién amanecido.

Pechos que fueron patria

Caían vencidos

En las largas tardes del combate.

La soledad amanecía entre los árboles.

Viejos asesinos oficiales

Invocaban la patria para procurarse el futuro.

Detrás del país, allá lejos,

Efímeras palabras conjugaban nuevas guerras.

Antes de morir

El sueño encendía el fuego

Y se dividía en épocas universales

Donde el condenado a muerte

Escondía el punto final de su utopía.

 

IV

Había que estar alertas,

Los criminales

Aprovechaban la mínima contemplación

Para refugiarse en nuestros huesos.

Sumaban una a una

Viejas nostalgias imperiales,

Lamían antiguas heridas

De memorias ancestrales

Mientras yo te deseaba

Y los cansados párpados

Batían otras espadas a la luz de la luna.

De esta manera nos dividimos en dos bandos:

Aquellos que nunca pudieron expulsar

A los criminales de sus huesos

y nosotros, o al contrario, pero del mismo modo.

  Madrid, diciembre de 2015

@arturopradolima

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Walter Trujillo Moreno en Poemas del Alma

Presentado por Poemas del Alma

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