Entrevista a Víctor Montoya, escritor boliviano radicado en Suecia

Por Marcelo Patzi

 

"No tolero la discriminación racial, el despotismo del poder ni las diferencias sociales"

Se habla mucho de él y de su producción literaria. Sorprende la cantidad de páginas de Internet que se ocupan de su obra. Entrando a Internet y escribiendo su nombre es fácil encontrar información, hay varias páginas dedicadas a su trabajo, y de nuestra parte, le hacemos unas cuantas preguntas acerca de su actividad y su opinión respecto a la situación actual del país.

La página web "Sólo literatura.com" hace la siguiente semblanza del autor: Víctor Montoya nació en el solsticio de invierno de 1958, su nacimiento se produjo el mismo día que se celebra el Intiwatana (inicio del Año Nuevo andino) y el Inti Wilka Kuti (retorno del dios Sol). Desde 1960 vivió en Siglo XX y Llallagua. Fue dirigente estudiantil hasta mediados de 1976, año en que la dictadura militar de Hugo Banzer lo persiguió sañudamente por sus actividades políticas. Permaneció clandestino en el interior de la mina y en una casa de seguridad en Oruro, donde, a fines de agosto, cayó a merced de las fuerzas represivas junto a un grupo de dirigentes mineros. Fue sometido a procesos de tortura y encarcelado en el Panóptico Nacional de San Pedro y en las prisiones de mayor seguridad de Chonchocoro y Viacha. Durante su cautiverio, y burlando la vigilancia de los guardias de turno, escribió su libro de testimonio Huelga y represión, cuyas páginas se filtraron por los sistemas de control gracias a la valiente y decidida cooperación de su madre, quien le visitaba en la cárcel cada vez que las autoridades de gobierno se lo permitían.

En 1977, tras una campaña de Amnistía Internacional que reclamó por su libertad y lo adoptó como a uno de sus presos de conciencia, fue sacado de la prisión por un piquete de agentes y conducido directamente hasta el aeropuerto de El Alto, desde donde llegó exiliado a Suecia, como la mayoría de los refugiados políticos latinoamericanos que fueron expulsados de sus países tras el advenimiento de las dictaduras militares.

En Estocolmo, donde fijó su residencia, trabajó en una biblioteca municipal coordinando proyectos culturales, dictó lecciones de idioma quechua y dirigió Talleres de Literatura Infantil, cuyo producto culminó en la publicación del libro de texto Cuentos de jóvenes y niños latinoamericanos en Suecia, en 1985. Cursó estudios de pedagogía en la Escuela Superior de Profesores y ejerció la docencia durante varios años. Actualmente se dedica a la literatura y el periodismo cultural, con publicaciones en países de Europa y América Latina.

Su obra abarca el género del cuento, la novela, el ensayo y la crónica periodística. Fundó y dirigió las revistas literarias Puerta Abierta y Contraluz. Obtuvo premios y tiene cuentos traducidos y publicados en diversas antologías.

Desde hace varios años es miembro de la Asociación de Escritores Suecos y del PEN-Club Internacional. Participó en el Primer Encuentro Hispanoamericano de Jóvenes Creadores, Madrid, 1985, y fue uno de los gestores del Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa, Estocolmo, 1991. Se hizo merecedor de becas literarias del Fondo de
Escritores y otras instituciones culturales.

Aunque se declara un autor que escribe más por una necesidad existencial que por asumir una pose intelectual, con una obra de aliento pesimista y compromiso social, está considerado como uno de los mejores narradores latinoamericanos en Suecia y como uno de los principales impulsores de la moderna literatura boliviana.

Víctor Montoya, que tiene más de una decena de libros en su haber, aceptó gustoso nuestra entrevista

Marcelo Patzi (MP): ¿Cuál cree que es su contribución a la literatura boliviana?

Víctor Montoya (VM): Considero que mi contribución, aunque sea modesta, se da en dos planos simultáneos, es decir, en Bolivia y en Suecia. En mi condición de residente en este país, ayudo, en la medida de mis posibilidades, a promocionar y difundir la literatura boliviana no sólo entre los nuestros, sino también entre los suecos y el resto de los inmigrantes. Pero al mismo tiempo, contribuyo a la literatura boliviana mediante la publicación de mis libros y artículos, que se publican con asiduidad en los diarios nacionales, por medios de los cuales ayudo a que se conozco un poquito más acerca de la literatura y la cultura suecas. Además, varios de mis cuentos o crónicas periodísticas tienen como eje temático la realidad de los bolivianos residentes en Suecia, donde los bolivianos están relativamente integrados a la vida cultura en general. Sin embargo, mi mayor aporte a la literatura boliviana es, sin duda alguna, la producción de mi propia obra que abarca los géneros del ensayo, la novela, el cuento y la crónica periodística que, según la crítica especializada, es ya una valiosa contribución a la literatura boliviana.

MP: Los recientes hechos de violencia suscitados en Bolivia, ¿le inspiraron nuevas producciones literarias o le hicieron cambiar algunos proyectos?

VM: Los acontecimientos de octubre en Bolivia, como a todo escritor comprometido con su realidad y su tiempo, me han tocado en las fibras más íntimas, puesto que los caídos correspondían a los de abajo, a los excluidos y a las clases desposeídas, que luchaban por la soberanía nacional y en defensa de nuestros recursos naturales. La lucha por la justicia social ha sido siempre una de las causas que he defendido desde que tengo uso de razón. No tolero la discriminación racial, el despotismo del poder ni las diferencias sociales. Así que esos acontecimientos que sacudieron los cimientos del Estado de Derecho, me sirvieron para reflexionar no sólo sobre el rol que debe asumir el escritor respecto a la realidad, sino también como un buen motivo para trasladar, de una manera consciente o inconsciente, esos hechos luctuosos al mundo de la literatura. No obstante, debo reconocer que no me hicieron cambiar mis proyectos, pero sí me motivaron a escribir artículos y alguno que otro relato.

MP: De una manera crítica y autocrítica, ¿cómo ve a los exiliados políticos bolivianos que viven en Suecia?

VM: Quienes llegaron como exiliados políticos a Suecia durante los años '70 y '80, cuando imperaban los regímenes dictatoriales en Bolivia, pienso que lograron integrarse a la nueva realidad de una manera lenta pero segura. Se debe considerar que esa tongada de exiliados traía un rico bagaje cultural y una experiencia en las luchas sociales que, en esa época, fueron bien recibidos por la sociedad sueca, cuya población, de un modo general, simpatizaba con la causa de los países en vías de desarrollo y con los gobiernos populares que, por medio de la conocida "Operación Cóndor", fueros derrocados por las fuerzas reaccionarias respaldadas por el imperialismo. No tengo críticas a los exiliados de esa época y mucho menos una autocrítica. Es más, este país me permitió realizar mis sueños inconclusos, me dio la posibilidad de obtener un título profesional y dedicarme a la literatura.

MP: ¿Cuál fue el motivo que lo obligó a quedarse a vivir en Suecia?

VM: El principal motivo, como en la mayoría de los casos, fue de carácter económico, pues Sucia nos ofreció prestamos de estudio y nos ofreció fuentes de trabajo. Para quienes proveníamos de condiciones sociales no privilegiadas, Suecia se presentaba como un paraíso, donde todo parecía posible. Lo único que hacía faltaba era tener fuerza de voluntad y una firme decisión de alcanzar las metas trazadas desde el comienzo. Así lo hicieron muchos, quienes no sólo se realizaron en el plano personal, sino que se convirtieron en ciudadanos cuyos aportes son y serán significativos en la sociedad que los acogió con los brazos abiertos. Es decir, con su estudio, trabajo y esfuerzo retribuyeron todas las ayudas que la sociedad les brindó en un principio. Como es natural, esto no pasó con quienes no supieron aprovechar las oportunidades, pero sí con la mayoría, que todavía disfruta de lo poco que queda de la otrora sociedad del bienestar.

MP: ¿Qué opina de las organizaciones bolivianas, que se enorgullecen de hacer de Bolivia la nación de inmigrantes mejor organizada y con mayor actividad en Suecia?

VM: Es cierto que la comunidad boliviana es una de las mejor organizadas entre los grupos de inmigrantes y, quizás, la que mejor reputación tiene por sus actividades que involucran a los bolivianos, suecos y demás inmigrantes. La prueba está en que anualmente se realiza el Encuentro Nacional Boliviano en una determinada ciudad, donde, por el lapso de una semana, se desarrollan diversas actividades que culminan en la fastuosa Entrada del Carnaval, donde se luce el rico acervo cultural de un país multifacético como el nuestro. Esta actividad, que concentra el esfuerzo de todos los implicados, no sólo es motivo de regocijo, sino también motivo de orgullo para quienes, aun viviendo lejos de la añora patria, sienten orgullo de ser bolivianos; una actitud ponderable cuando se trata de mostrar a propios y extraños lo más digno y auténtico de nuestra identidad cultural.

MP: Algunos comentan que los suecos han cambiado su actitud respecto a los inmigrantes, pues recientemente vino una oleada de "autoexiliados" por motivos económicos, lo que provocó una mayor hostilidad. ¿Concuerda con ello?

VM: Es cierto que Suecia no es más lo que era antes, como cuando gozaba de un bienestar social envidiable. En los últimos año se ha incrementado la tasa de desocupación y se han profundizado los problemas socioeconómicos. Por lo tanto, el recelo contra el inmigrante sea ha hecho más palpable. De ahí que las recientes olas de "autoexiliados" se ven enfrentadas a una realidad menos favorable que en el pasado. Lo peor es que estos "autoexiliados" no reciben, muchas veces, ni siquiera el apoyo de sus embajadas y consulados, que son instancias que representan al Estado boliviano en el exterior. Por el contrario, al pésimo servicio de estas instancias, se suma la frustración e impotencia de quines desean establecerse en países como Suecia, motivados por el afán de buscar un mejor destino para sus vidas. Algo más, sé por referencias periodísticas que, ante la falta de permiso de residencia y la falta de protección legal, son cientos los bolivianos que viven en la clandestinidad, desarrollando trabajos "a la negra" (ilegales) y en condiciones deplorables, pues son discriminados y explotados por empresarios insensatos e inescrupulosos, que suman dividendos a costa de la explotación y el sacrificio, en algunos de los casos, de sus propios compatriotas.

MP: ¿Ha desmejorado el sistema social Sueco y el apoyo a los inmigrantes?

VM: Como decía antes, la política de inmigración se ha endurecido en los últimos años, debido a los muros de contención levantados por la Unión Europea para protegerse de la ola migratoria de los países del llamado Tercer Mundo. La situación es espantosa, sobre todo, cuando se sabe que son cientos los inmigrantes que, intentando huir de la miseria en embarcaciones ilegales y con el sueño de alcanzar tierras europeas, terminan sus vidas en un naufragio y tragados por el mar. Esto ocurre frecuentemente en las costas del mediterráneo con los inmigrantes provenientes de África, Asia y el Medio Oriente. En Suecia, que hasta no hace mucho se les daba un trato humanitario a los inmigrantes ilegales, se está aplicando actualmente una política migratoria sin mayores contemplaciones, a veces con la intervención brutal de la policía que, en repetidas ocasiones, ha sido criticada por los organismos que velan por los Derechos Humanos. Esto nos da una perspectiva de lo que esta pasando con los inmigrantes ilegales, entre ellos con los bolivianos, que han llegado a Suecia estafados por una red de mafiosos que, en ciudades como La Paz o Cochabamba, vendieron abiertamente pasaportes, permisos de residencia y de trabajo a precios fabulosos. Los incautos se creyeron esta patraña y arribaron a Suecia, donde los mafiosos no cumplieron con sus promesas. De modo que, ante los ojos de las autoridades de inmigración, se ha creado una empresa de mercancía humana y una trata de esclavos modernos, que parece no tener un final.